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¿Se puede ser feminista y consumuir pornografía?

Los jóvenes se acercan cada vez antes al porno: es entre los nueve y los catorce años cuando ven los primeros vídeos en plataformas de streaming según datos facilitados por el gigante Pornhub. Y según todos los estudios relacionados, es evidente que este contenido audiovisual influye en la sexualidad de los adolescentes y condiciona después la calidad de sus relaciones durante su vida adulta. 

Podemos llegar a concluir que la pornografía ha sido gran parte de la educación sexual que han recibido muchos jóvenes de hoy en día. 

 

Pero este modelo alaba el papel dominante del hombre blanco que cosifica a la mujer y en el que predomina una visión misógina. Por eso, son cada vez más los que apuestan por la creación y consumo de una pornografía más ética, consecuencia de la capacidad de reinvención y del espíritu de libertad que tienen estos jóvenes. 

 

Como relata la actriz de porno alternativo Miss Lemon “el porno ético, es la antítesis al porno mainstream. Los que lo hacemos buscamos que los perfomers rueden en safe spaces, donde se cumplan las medidas de seguridad e higiene necesarias, que se sientan cómodos y exista una atracción real entre ellos. Trabajamos sobre un guión pero aquí nadie te dice cuándo cortar, nadie les dice cómo hacerlo, lo que se enseña es sexo real. Nos movemos en una escena free gender, queer, bi y trans”.

 

Pero podemos considerar este nuevo género de porno realmente feminista? Me pregunto si el objetivo de este modelo no es otro que seguir legitimando la violación y la mercantilización de los cuerpos de las mujeres. 

 

¿No estaremos alimentando exactamente lo contrario de lo que tratamos de erradicar, es decir, la cultura de la violación?. ¿No recuerda esto al discurso de la libre elección en la prostitución? siempre y cuando ella lo decida, lo quiera y lo acepte es bueno, siempre y cuando ella lo soporte todo vale. Sin pensar en las condiciones sociales, económicas y culturales de las mujeres, como si el porno saliera de la nada.

 

Me temo que, al igual que ocurre con la prostitución hay muchos intereses en juego, entre ellos manipular y engañar para mantener intacto el sistema patriarcal y capitalista. Lejos de contribuir a los objetivos del feminismo, esta industria fortalece el negocio histórico de explotar a las mujeres y perpetúa la idea de que los cuerpos de ellas son para la satisfacción de otras personas.

 

La alternativa o solución recae en la importancia de que desaparezcan de una vez la cosificación de la mujer y la discriminación racial en el «cine para adultos» y en la absoluta necesidad que todos tenemos de vivir una sexualidad plena, aceptando lo que nos gusta y queremos, sin ser juzgados, en resumen, del amor propio y no en la creación de nuevas líneas que embellecen las prácticas de la pornografía pero que tienen la misma violencia opresora de base.